1988 Mario Vargas Llosa

Entrevista y fotos: Verónica Sáenz Porras

DIAGNÓSTICO DE UN ESCRITOR

El escritor peruano Mario Vargas Llosa ha sido señalado como el candidato ideal para ocupar la candidatura presidencial del Frente Democrático FREDEMO -que agrupa en Perú a los partidos Acción Popular y Partido Popular Cristiano y a la agrupación Liberad- para el período 1990/1995. Vargas Llosa aún no lo confirma, pero sus viajes al interior del país dan muestra de la necesidad de fortalecer este Frente político a nivel nacional. El Perú se encuentra en una aguda crisis política y económica. Por primera vez la Célula Parlamentaria Aprista, ha cuestionado las decisiones del carismático presidente Alan García, a lo cual se sumaron fuertes rumores de golpe de Estado. El escritor y su diagnóstico político en esta entrevista.

El expresidente Fernando Belaúnde Terry, en una reciente declaración, lo propuso a usted como candidato presidencial del FREDEMO para las elecciones de 1990. ¿Qué responde ante esa propuesta?  –No hay candidatos y es un tema que no se va a tocar, según acuerdo expreso de los tres dirigentes del Frente, antes de que éste haya elaborado su programa y se haya constituido a nivel nacional. ¿Usted podría decir que no va a ser candidato presidencial?  –No podría decir que no voy a ser candidato presidencial. ¿El FREDEMO está elaborando su programa de gobierno?  –Está ahora en plena gestación. Nos parece que lo responsable era proceder de este modo, no elegir unas personas y luego construir un programa para ellas, sino primero elaborar un programa y en función de éste, elegir a las personas más adecuadas para representarlo y presentarlo a la opinión pública. El Frente ha constituido más de 30 comisiones que abarcan cada uno de los ramos de la vida económica, social e institucional del país, con representantes de las tres fuerzas que lo integran, han hecho primero un diagnóstico de la realidad nacional y a partir de allí han comenzado a elaborar un programa de gobierno.

¿Alguna sinopsis …?  –Se elabora con un criterio más técnico que ideológico. Nuestra idea es que a este trabajo debe incorporarse el mayor número de profesionales, de técnicos, de gente que conoce los problemas del Perú a través de su experiencia, de tal manera que el programa tenga un carácter muy realista, viable y pragmático. Pensamos que el Perú va a llegar al año 90 en una situación bastante difícil, que el realismo debería ser una característica principal del programa del Frente. Luego de una larga política de congelamiento de precios el gobierno peruano ha tomado severas medidas económicas, como el alza del 200 % en la gasolina y productos en general y un 340 % en las medicinas. Según el gobierno, las medidas económicas tomadas, reducirán a cero la inflación en 120 días. ¿Está usted de acuerdo con las nuevas medidas económicas y piensa que el APRA llegará a su cometido? –Desgraciadamente soy algo escéptico sobre la eficacia de estas medidas, tengo la impresión de que este plan de reajuste se ha elaborado de una manera algo precipitada. Falta en él un componente que sería indispensable para que tuviera éxito, la ayuda exterior, que es lo único que podría amortiguar en algo la dureza de los sacrificios que se exigen al pueblo peruano.

¿Cree que las medidas económicas reducirán el déficit fiscal? –Eso no está muy claro hoy día, si las medidas van a reducir el déficit fiscal, que es la fuente de la inflación. Los primeros análisis de los expertos indican que no, que este déficit se reduciría algo, pero no totalmente, ni siquiera drásticamente. Por otra parte, hay un problema de credibilidad que conspira psicológicamente con el éxito del plan, y es que están encargados de aplicarlo prácticamente las mismas personas que, con su política de subsidios al consumo, de incitación a las emisiones inorgánicas de dinero, su política controlista inter­vencionista en la economía, son las directamente responsables de la crisis en que nos encontramos. Nada me gustaría tanto como que el plan tuviera éxito, pero las posibilidades son escasas. Entonces, ¿qué propondría el FREDEMO para salvar al país del caos económico? –Una revisión radical de las políticas que nos han llevado a este desastre. La base de la crisis en estos momentos está en ese terrible déficit fiscal. Mientras exista, la inflación va a continuar; y la inflación es el enemigo número uno de los pobres y del desarrollo económico del país. Por otra parte, el inmenso sacrificio que signi­fica un plan de estabilización para una economía que está tan profundamente deformada por las prácticas intervencio­nistas requiere de una ayuda exterior. Eso, en el Perú, no se ha logrado por la terquedad del gobierno en impedir el diálogo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que es requisito indispensable para que los otros organismos internacionales de crédito le presten al Perú la ayuda que necesita en este momento.

Usted ha señalado la necesidad de erradicar la enorme corrupción buro­crática que existe en el Perú. ¿Algún plan para llevarlo a cabo?  –El Estado es la fuente principal de la corrupción institucionalizada en el Perú y ha crecido de una manera desmesurada, sobre todo a partir de 1968 con la dictadura de Juan Velazco Alvarado, y en estos tres últimos años con la política del presidente Alan García. Es un estado sobredimensionado en la que se han ido inventando trámites e instancias burocráticas, de tal manera que la corrupción quede justificada o institucionalizada en prácticas burocráticas. Esto no se va a resolver hasta que el Estado no se reduzca a unas proporciones razonables. Referente a la lucha antisubversiva ¿FREDEMO continuaría con los Estados de Emergencia, en manos de las Fuerzas Amadas o encararía el problema de otro modo? –Yo creo que las autoridades civiles son las que deberían tomar el liderazgo de la lucha contra la subversión. Sólo si hay una movilización de todos los peruanos que sienten que lo que está amenazado con la subversión es la democracia, es decir, el sistema que ellos han elegido y res­paldan, hay posibilidades de que esta lu­cha tenga éxito. Naturalmente, deben participar las Fuerzas Armadas y la poli­cía, pero deberían participar como me­ros instrumentos, como meros ejecutantes de una política que la autoridad civil promovería y encabezaría. Creo que has­ta ahora, el hecho de que la lucha an­tisubversiva sea tratada como un pro­blema policial o militar, en el que las autoridades civiles no han querido ensu­ciarse las manos, ha con tribuido a que el país vea esto como una lucha entre mili­tares y terroristas, lo que es un error. Se han dado posibles soluciones para eliminar la producción de coca en el Perú. Se habló de usar el herbicida Tebuthiuron, de una fuerza multinacional, y otra que propone que Estados Unidos debiera comprar directamente al peruano su producción de coca, quitándole mercado a las mafias colombianas ¿Cómo enfrentarían el problema? –El problema me parece sumamente complejo y creo que tiene que resolverlo básicamente el Perú. Como el incentivo mayor para el cultivo de la coca y la “industria” del narcotráfico es la existencia de los mercados en los países desarrollados, éstos tienen la obligación de cooperar y a mejor manera de hacerlo es ayudándonos a crear unos incentivos económicos que induzcan al campesino a sembrar productos lícitos. Allí es donde debe de estar orientada la solución más conveniente para el país y para la comunidad internacional. Ahora hay una inmensa cantidad de campesinos que siembran coca, pero no se puede ha­blar de ellos como narcotraficantes que quieren violar la ley. Son gente suma­mente humilde que no consume cocaína, pero como hay un incentivo económico tan grande, esto los induce a sembrar co­cales.

En las últimas semanas se corrie­ron versiones de renuncia presidencial, dé golpe de estado y autogolpe. ¿Usted cree que el presidente Alan García propiciaría un clima político que le impi­diera finalizar su mandato? –El sistema democrático tiene que ser pre­servado, esa debe ser una prioridad para todos los peruanos que quieren un futu­ro civilizado para este país. El presiden­te, que fue elegido por los peruanos, debe de terminar su mandato y es la obliga­ción de todos, seamos partidarios o seamos críticos de él, como nosotros, de contribuir a que el presidente constitu­cional termine su mandato y poner ab­solutamente una negativa clara y resuelta contra cualquier intento de quiebra del orden constitucional. ¿Cree que exista coyuntura en las fuerzas armadas donde surgiera un caudillo que diera un golpe de estado? –No. Yo creo que, en el Perú, a pesar de que hay una gran división entre los peruanos, hay una inmensa mayoría que no quiere que se vuelva a estados de facto y que nuestra democracia se des­plome. Salvo sectores violentistas, creo que nadie apoyaría un golpe militar. ¿Usted ha sido marxista en algún momento de su vida? –Estuve muy cerca del marxismo de joven; fui un marxista heterodoxo, muy influenciado por marxistas que no eran ortodoxos como Walter Benjamín. Leí mucho a Benjamín en una época. Me influyó mucho un marxismo que me llegaba a través del existencialismo ya que Sartre tuvo mucha influencia y Merleau Ponty. Ese tipo de marxismo, revisado por el existencialismo, por la escuela de Frankfurt, tuvo mucho éxito en la década de los 50 y parte de los 60. ¿A qué se debe su rechazo, su cambio ideológico? –Yo tuve una experiencia de lo que llaman el socialismo real. Conocí los países socialistas, vi la evolución de Cuba bastante cerca, vi lo que significó el intento de democratización del socialismo en Checoslovaquia. Estuve en Praga durante la famosa “primavera de Praga” y ver cómo ese experimento fue reprimido brutalmente me llevó a un proceso, de revisión de convicciones y ciertos entusiasmos. Y desde entonces, aunque no creo que hayan cambiado mis ideales de juventud, estoy más bien convencido que es el sistema democrático, de la ley, de la libertad, del consenso, de las elecciones, el que puede asegurar mejor el desarrollo de los países, que los sistemas apocalípticos, que los sistemas socialistas autoritarios. 

¿Usted cree que el glasnost y la perestroika de Gorbachov representan el fracaso del marxismo como mencionara en un reciente discurso o que el marxismo cumplió en su momento con el cometido y ahora hay una necesidad de liberalización en el campo económico? Yo creo que representan el fracaso del modelo marxista del desarrollo. Creo que la gran utopía del socialismo marxista en cierta forma ha encontrado su toque de silencio, su toque fúnebre con la perestroika y el glasnost. Significa la renuncia a los postulados básicos del marxismo conservando la retórica marxista. Pero que después de 60 años el marxismo diga no, es decir, la economía centralizada, planificada, la economía estatizada es incapaz de llevar a un país a la prosperidad, a la modernidad. Si continuamos dentro de ese sistema nos quedamos rezagados, vamos a seguir cada vez más lejos de lo que son los países modernos y tecnológicos. Entonces, vamos a empezar a abrir mercados, a llamar al capital extranjero, vamos a admitir la propiedad privada.¿Pero cree que el marxismo cumplió su función en aquella época? –Bueno, hay unos aspectos que el marxismo indudablemente, ha ayudado a esclarecer. La intervención de la economía en el desenvolvimiento de la sociedad como el origen y raíz de todas las mani­festaciones de la vida social y cultural, pero sí que el aspecto económico cum­ple una función central dentro de lo que es la evolución histórica de una sociedad. Y, por otra parte, el socialismo sirvió pa­ra crear una conciencia y una sensibili­dad respecto a la condición obrera, a la explotación. Ese aspecto ético del socia­lismo me ‘parece que está vigente. Lo que no está vigente es la teoría de la historia, la explicación de la sociedad y muchísi­mo menos las recetas para el desarrollo económico de un pueblo y para el esta­blecimiento de la justicia social. Ningu­na de las dos cosas las ha alcanzado el marxismo en los países donde llegó a controlar el poder. Al mismo tiempo el socialismo ha contaminado con una cier­ta ética a la democracia, y esa es una con­tribución indudablemente positiva.

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