Ene 15, 2020 | TEMAS DESTACADOS

1996 . Textos y fotos: Verónica Sáenz

Iquitos. Perú. Los nativos de la cuenca amazónica han utilizado desde época inmemorial la planta Banisteriopsis caapi, conocida como Ayahuasca,  llamada “la medicina”, “doctorcito ayahuasca”, yagué, la liana del ahorcado o la soga del muerto, utilizada por los chamanes de las comunidades nativas amazónicas, quienes transmiten de generación en generación sus conocimientos. Médicos de la naturaleza, de las comunidades nativas, son quienes curan los males del cuerpo y del espíritu desde que el hombre fue hombre y se alimentó y curo con las plantas.

Esta liana, ayahuasca, es un poderoso alucinógeno  utilizado en las ceremonias realizadas por un maestro curandero quien lo conduce -luego de la ingesta del paciente-  por el laberíntico inconsciente de su mente, mediante ícaros cuánticos, que entona al son de su maraca hasta encontrar el padecimiento y liberarlo.

En la ciudad de Iquitos existen actualmente 110 maestros curanderos quienes atienden las noches de  martes o viernes, en la ciudad y alrededores.

Francisco del Castillo es uno de ellos, tiene un pie torcido semejando al duende de la selva, el chullachaqui,  que juega travesuras a los visitantes. Con él nos vamos en una pequeña embarcación de madera, surcamos el río Nanay hasta la otra orilla, Caminamos un largo rato, con los cinco sentidos puestos en la abundancia de verde y de sonidos. Francisco, machete en mano, silva raspante con sus dientes, rodeando un grueso árbol de ramas y lianas, donde el ayahuasca lo observa vigilante, entregándose a su destino.

“Ayahuasquita te voy a llevar, para que nos hagas ver el universo, el sol, el cielo, las estrellas, ver las penas de tu corazón ayahuasquita, llevándote estoy te voy llevando”, y el machete cae, y el maestro la caga hasta llegar a  la  maloca de palmas en la inmensa soledad de la selva. En el fogón a leña la cuece en la olla de barro, todo el día, agregándole unas hojitas de chacruna y un poquito de toé, para tener visiones. Antonio del Castillo, mientras oscurece serio y sacro sentencia -“si llegas a ver infiernos, son tus propios fantasmas… los fantasmas de tu mente”. 

Un trago, dos tragos, tres tragos. El líquido se deslizó amargo y espeso por mi garganta. La noche era densa, tan densa, que hasta la luna y las estrellas habían huido”

Una catarata de gritos corta la húmeda oscuridad de la selva. Las tinieblas me juegan una mala pasada. No veo nada, aunque abra aún más mis ojos. La fantasía ha ocupado el escenario de lo invisible. La boca, pastosa, sabe a tierra. Mi lengua y las paredes de mi garganta parecen estar cubiertas por una película plástica. Las maracas sacan sus primeros ruidos y el maestro comienza a silbar trayendo de a poco una canción que no llego a entender. Algo retumba en mi cabeza. Me acuerdo del Manguaré, ese tronco hueco que los nativos hacen retumbar en la selva. A mi costado está el maestro. Siento el olor de su ropa, una humedad sucia y animal. Casi puedo ver, sin mirar, la piel resbaladiza de su rostro. Sus poros están abiertos, muy abiertos y yo me deslizo dentro de ellos, flaca como una aguja. ¿Será él mi único guía en este vuelo sin timón ni brújula; El que me jalará de un brazo si me sumerjo en una pesadilla sin retorno… el que me tirará una cuerda si la tierra abre su boca y una pegajosa lengua intenta succionarme?

Deben ser las diez de la noche. Me levanto. Vomito. “Te estás limpiando por dentro”- me dice el curandero. Me recuesto nuevamente. Sé que estoy ahí, estática y con los ojos cerrados. Lo sé porque lo estoy viendo desde arriba. Se ha producido el “desdoblamiento”. Veo mis secretos. Reflexiono. Veo amarillo a mi costado y todo negro otra vez. El negro se convierte en un túnel, el túnel es la selva oscura por la que corro recibiendo latigazos de las ramas de los árboles,, naturaleza… “Ayahuasquita -sopla el cantar del curandero- a ti te voy dejando Ayahuasquita”. Está amaneciendo.  Veo a los árboles y su savia, hermanados con mi sangre armonizada y al horizonte  ralo rayar mi nariz. Mi cabeza aún yace sobre el suelo…”

REVISTA VISIÓN LATINOAMERICANA

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